Maite Méndez y Milagros Sanmartín están al frente del Arxil desde que lo fundaron en 1984

Cada sábado, en el banquillo del Arxil se sientan Maite Méndez y Milagros Sanmartín. Puede ser una imagen habitual del cuerpo técnico en cualquier pista del país, pero en este caso son las únicas que comparten casi cuatro décadas al frente de un equipo de élite en Galicia. Son 36 años de dedicación de dos mujeres que fundaron un club en 1984, cuando se propusieron dar forma a un equipo que se convirtiese en un referente del baloncesto femenino. Y vaya si lo han hecho. El Arxil tiene cerca de trescientas niñas federadas y un equipo en la Liga Femenina 2. Maite es la entrenadora, mientras Milagros compagina la presidencia con la labor de segunda técnico del equipo y entrenadora de la base. Es la mano derecha de Maite. «El peso del equipo lo llevamos todos, los documentos los firmo yo, pero el trabajo es de todos», explica Sanmartín, que cuando habla de todos se refiere a Lino Vázquez, también fundador del club, y al resto de personas que en estos años se han sumado a esta aventura en verde. «Cuando empezamos queríamos enamorar a la gente con el baloncesto, después quisimos equiparnos a los demás y ahora peleamos por mantenernos», comenta Maite.

Reconocen que esta larga trayectoria ha estado plagada de alegrías y de sinsabores, pero no cambiarían ni una coma de una vida que ellas vivieron entre el colegio en el que trabajan como profesoras y la pista. «Tienes una enorme satisfacción de ver cómo empezamos una pandilla de amigas y ahora ver dónde estamos. Esto también se docencia», dice Sanmartín, que reconoce que en el banquillo manda Maite. «No coincidimos en todo, si pensáramos igual no podríamos aportar cosas distintas», comentan casi al unísono, mientras Maite asegura que «claro que nos enfadamos».

Conservan la ilusión con la que empezaron, pero «no es lo mismo jugar por jugar, que hacerlo para mantener la categoría». Las exigencias y los años pesan en el cansancio de ambas, pero el temor de que no haya relevo al sueño forjado desde la década de los ochenta les hace continuar en la brecha cada semana. Hablan de droga sana para explicar que les da el Arxil después de una vida de «docencia» en todos los ámbitos. «Es apasionante ver que vienen ya las hijas de las que fueron tus jugadoras», se despide Maite.

El baloncesto empieza y acaba en familia

En casa de los Vázquez Méndez el baloncesto es una devoción y una vocación. El matrimonio de Lino Vázquez y Maite Méndez nació fuera del Arxil, pero el club que formaron junto a otro grupo de jugadoras creció como su fuese un hijo de la familia. Y en esa carrera de obstáculos que fue sacar adelante el club, nacieron Aldara y Mariña. Lo hicieron casi predestinadas a jugar al baloncesto. Tanto es así que Lino Vázquez, entrenador del Arxil Mafari Café, de Primera Nacional, recuerda que iba a los entrenamientos con su hija siendo un bebé. «Aldara empezó en el tenis, pero venía a entrenar en el colo, parecía que ya estaba predestinada», comenta su padre, que bromea: «Empecé en el tenis siendo delgado y con pelo, ahora estoy en el baloncesto, calvo y con una prótesis».