El Club Baloncesto Arxil es la gran referencia del baloncesto femenino de base con 30 años de historia.

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El Arxil es, además del club de referencia del baloncesto femenino en Pontevedra, una de las entidades más destacadas de este deporte en toda Galicia. De hecho, es la única que puede presumir de tener equipos en todas y cada una de las primeras divisiones regionales, lo que le sitúa en una posición de privilegio con respecto a sus rivales.

El histórico trabajo de cantera está tan refundido con el espíritu del club, que ya no se entendería a un Arxil que no se nutriese del talento nacido en Pontevedra y sus alrededores. Esta misma semana se presentó oficialmente toda la base del club y la pista se quedó pequeña para dar cabida a más de dos centenares de futuros jugadores -ya que en las edades más tempranas también hay niños-.

Al Arxil le dan vida un equipo de Escuela baby, tres de preminibasket, tres más de minibasket, cuatro de categoría infantil, tres conjuntos cadetes, un júnior y un sénior (el Arxil Mafari), que pasa por ser la recámara oficial del primer equipo, el de Liga Femenina 2. En total, hasta quince conjuntos que miran hacia arriba por si las profesionales necesitan, ahora o en el futuro, de savia nueva.

Si existe un club con el futuro asegurado, ese es el Arxil, que hace tres décadas nacía como una manera de dotar a la ciudad de equipo y que hoy, con los mismos mimbres de entonces (Lino Vázquez, Mayte Méndez y Milagros Sanmartín) sostienen aquel modesto proyecto elevado a la enésima potencia.

Los más pequeños, que comienzan a sentir lo que el baloncesto les da, están llamados a ser parte de la historia. Poder llegar a la élite después de haber conocido todos los peldaños intermedios supone un privilegio al alcance de pocas jugadoras. Sandra Entenza o Ana Martín son dos claros ejemplos de ello. Toda una vida dedicada a este club, que han visto pasar a infinidad de niñas por las categorías inferiores y que han compartido vestuario con muchas de ellas.

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Sin el trabajo alejado de los grandes focos de las jugadoras que se multiplican en su faceta de responsables de equipos de base, este proyecto nunca hubiese sido posible. Marita es otro de los nombres propios a destacar en esa gratificante pero muchas veces anónima función.

Por el club han pasado cientos de jugadoras. Algunas militan en la élite y muchas otras han colgado las zapatillas. Pero hay un caso paradigmático. Natalia Soage, la que fue gran capitana, ha inscrito a Olivia, su hija, en los baby. La historia puede reescribirse desde la base.

 

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